TAKASHI NAGAI Y EL HONGO DE AGOSTO


Un año más, durante este mes de agosto celebramos, mejor dicho recordamos, dos infaustas fechas para el género humano: los bombardeos norteamericanos sobre Hiroshima y Nagasaki, 6 y 9 de agosto respectivamente. Cuando aquel hongo tenebroso se cernió sobre Hiroshima a las 8:15 de la mañana nadie pensó la muerte que en su seno traía y, mucho menos, que en tres días se repetiría en Nagasaki. Allí, la explosión dejó miles de muertos y a otros convertidos en zombies pidiendo agua por las calles, con la piel a jirones por el infierno en que se convirtió el epicentro (más de tres mil grados y vientos de mil kilómetros por hora). 
Después de una de mis lecturas veraniegas me ha encandilado la figura de un japonés llamado Takashi Nagai, médico y radiólogo de Nagasaki convertido al cristianismo tras leer a Pascal y conocer la figura de san Ignacio de Loyola. 
Hombre de profunda espiritualidad en constante discernimiento se enamoró de Jesús, de sus hechos y palabras, espoleado por la audacia de aquellos veintiséis mártires (san Pablo Miki entre ellos) crucificados en la colina donde se alzaba la catedral de Nagasaki, sucumbida a aquel artefacto de plutonio 239. 
Dedicó por entero su vida profesional -renunciando a su familia por lo que siempre se sintió culpable-, pasando sesiones interminables de estudio sometido a exposiciones a los rayos X. Pronto le fue diagnosticada una leucemia crónica que a la postre acabaría con su vida todo unido a los daños irreversibles por las radiaciones alfa y gamma de la bomba atómica que vivió en primera persona. 
A partir de conocer la noticia de su enfermedad e insuflando un ánimo extraordinario al pueblo japonés, comenzó la reconstrucción de la catedral de Nagasaki y fundó una comunidad cristiana visitada por miles de personas atraídas por ese hombre santo. Esta necesidad de salvar las almas de tantas personas vacías después de la bomba le llevó a convertirse en un escritor prolífico (Las campanas de Nagasaki). 
Me gustaría que estas frases animaran al lector a acercarse a la obra Requiem por Nagasaki de Paul Glynn (Palabra, 2011). Una novela basada en la vida al límite de Nagai durante la Segunda Guerra Mundial. Una existencia vocacionada y entregada a los demás, preñada de una profunda despreocupación de sí mismo. Esta obra rebosa fe, ternura y, especialmente, valentía y desprendimiento. Te recomiendo efusivamente su lectura.
Si estás interesado en este episodio de la Segunda Guerra Mundial puedes consultar las siguientes obras:
  • Diario de Hiroshima de un médico japonés de Michihiko Hachiya (Turner, 2005).
  • Llora Nagasaki de Toshimi Nakai (Rialp, 2012).




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