¡Bienvenido, Zweig!
Pasan los años y vemos cómo desfilan ante nosotros libros, películas o
series de TV que van dejando tras de sí frases lapidarias, interpretaciones
magistrales, casi siempre finales felices o momentos inolvidables que quedan de
alguna forma impresos en la memoria colectiva. En
los ochenta llegó la moda de leer novela hispanoamericana y todos leían a
Fuentes, García Márquez, Cortázar o Rulfo. En los noventa irrumpió la cultura
de las series norteamericanas, las sitcoms
primero y los dramas de plataforma, después. Entrado el siglo XXI comenzamos a
conocer en profundidad la Segunda Guerra Mundial o nuestra Guerra Civil, con
esta última la figura de Chaves Nogales y su radiografía periodística de una
España cainita y desmembrada. Y es que no eras un buen “cultureta” si no habías
leído alguna de sus obras. 
Su experta mano de biógrafo es capaz de sacar lo más profundo de la
persona poniéndola ante la sociedad de su época y al mismo tiempo actualizarse
en la de nuestros días. Haciendo honor a la verdad cuando leemos un autor no lo
hacemos en su lengua materna por lo que la traducción es un paso clave a la
hora de trasladar la riqueza emocional a palabras de lenguas y culturas
dispares. Traducciones cuidadas, portadas sencillas pero sugerentes,
ilustraciones mínimas pero que dicen mucho, hacen al lector hallarse en una
atmósfera de seres que levitan en una prosa magistral.
Zweig es un psicólogo cronista del alma que elige diseccionar, un
sacerdote de la religión de lo humano, un contador de historias que no mueren
nunca. Quiere dejar constancia de un mensaje que trasciende los tiempos y los
hechos: todos merecemos que nuestra vida sea contada. Zweig nos deja una
enseñanza: en los actos más sencillos, poniendo la misma fuerza y voluntad que
en las obras más elevadas, dejando la piel en cada gesto y entregándose sin
temer el futuro es como realmente se llega a vivir ese carpe diem que tan olvidado tenemos.
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