EL BUCLE DEL EXHUMADO

Quizá fue por la efeméride de los 80 años de la Guerra Civil, o quizá por nuestro instinto cainita, o quizá por la ingente literatura de ficción y no ficción relacionada que ha visto la luz en los últimos años, pero la cuestión es que seguimos a lo mismo. Llevamos todo el verano a la gresca con los restos de Franco: que si deberían salir, que si no procede, que si vamos tarde, que por qué tanta prisa... Tuits, artículos, memes, debates, tertulias de cotilleo, ingentes aportaciones a lo largo y ancho de la geografía hispana o de las redes que no han hecho sino acrecentar el espíritu de odio de algunos que creen que la historia se debe revivir eternamente. No, la historia no se revive, se cuenta, se estudia y de ella se aprende, pero no se rumia cual vaca aburrida en el pasto.
Parece que al fin hubo desenlace y los restos (o momia) de Francisco Franco serán exhumados del valle de Cuelgamuros. La fecha no se sabe, pero será antes de final de año. No es difícil vaticinar que nos espera un último trimestre de 2018 plagado de declaraciones, manifestaciones rancias de uno y otro lado con sus banderas trasnochadas, insultos por doquier, publicaciones de todos los signos aprovechando el tirón mediático del personaje exhumado. En fin, España, qué íbamos a esperar de ti.
Y llegará el día en que nos sumerjamos en un bucle cósmico y volvamos a empezar hasta la eternidad, porque ¿adónde irán los restos del dictador sin que no vuelvan a organizar el lío? Si es a un enterramiento privado, que es lo más lógico, no se perpetuará la visita al muerto al estilo parque temático, pero como la familia decida enterrarlo en suelo público otro valle habrá nacido en nuestro país y esta vez no será de Patrimonio Nacional, bien custodiado y entre montañas, sino de un ayuntamiento cualquiera que hará el agosto, o se creará un gran problema, con las visitas dominicales al dictador.
La cuestión está clara: la historia no ha terminado porque nos empeñamos en repetirla y ensalivarla más de la cuenta. Basta ya, dejemos a España crecer y seguir adelante, pero no como decía Bismarck, como el único país que lleva toda la vida intentando destruirse pero nunca lo ha conseguido. Los muertos con los muertos y los vivos, al trabajo. Muchos son los retos que se plantean en esta sociedad del siglo XXI: acabar con la violencia de género, formar a los jóvenes para las nuevas profesiones, implementar políticas serias de inmigración, llegar a acuerdos globales contra el cambio climático...
Esos son los "restos" que nos importan y no los que no nos dejan avanzar. Vivamos, leamos y disfrutemos la historia, no la revivamos.

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