LLUVIA CON LÁGRIMAS
No cesa de llover en Córdoba, la ciudad que junto a su río deseaba
ver llegar las procesiones por la Puerta del Puente, una puerta que guarda la
entrada al templo omeya y a todo un casco histórico reconocido en el mundo
entero. No para de llover en nuestra ciudad y debemos alegrarnos por ello.
Nunca llueve a gusto de todos, es tan obvio como ancestral, pero en estos días
más que nunca. Se nos agua la Semana Santa, siete días en los que miles de
personas se echan a la calle llevadas por fervor, curiosidad o simplemente tradición
cultural para observar los desfiles procesionales de treinta y ocho cofradías,
sin contar las que hacen su estación de penitencia en la semana previa.
Se repite otro año más la situación quizá extraña, pero seguro triste,
de ver a tantas personas llorando por no poder procesionar junto a su Cristo o
su Virgen. Niños y adolescentes en su mayoría que no entienden por qué llueve
precisamente el día que sale su hermandad. ¿Por qué sufren esta pequeña
tragedia? Si entendemos solo la actividad de una hermandad como el desfile
procesional por las calles de Córdoba en su día tradicional, sí es una
tragedia. Velas, flores, bandas de música, avituallamiento, y tanto gasto que
conlleva poner una hermandad en la calle para no poder mostrarse ante sus
paisanos.
Dios no hace que llueva el día que queramos. La oración no es
superchería que consigue poner de acuerdo a mucha gente para hacer que no llueva;
el Dios de los cristianos no es un dios que exige danzas para que caigan gotas
del cielo o que apaga el grifo para que puedan salir las procesiones. ¿Por qué
debemos rezar entonces? Es imprescindible explicar a tantos chicos y chicas
embelesados con el movimiento cofrade qué significa poner una procesión en la
calle, qué sentido tiene la existencia de su hermandad y qué más cosas hacer durante
el año además de procesionar.
La lluvia es urgente en Córdoba y más exactamente en el Valle de
los Pedroches, a cuyos pueblos sigue llegando el camión cisterna cargado de
agua potable. Parece que las gotas de lluvia seguirán golpeando las flores de
azahar del Patio de los Naranjos. Si hacemos un ejercicio poético podríamos
decir que los naranjos lloran de pena por no poder ver un paso de misterio
concreto para hacer su estación de penitencia en la Mezquita-Catedral.
Pero, ¿qué es lo cristiano: rezar por la procesión o por la
lluvia? ¿Es el desfile procesional el objetivo principal de una cofradía? Quizá
nos estemos centrando demasiado en el espectáculo, en una especie de boato vacío
y pseudolitúrgico, que rodea a la Semana Santa y se esté perdiendo la noción de
las cosas… Tenemos mucho trabajo por delante.
Artículo publicado en Diario Córdoba 29-3-2024

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