NICARAGUA 2.0

 

No tenía ni diez años cuando ya escuchaba en el telediario el nombre de Daniel Ortega. Cumplí los veinte y aún seguía ahí. Pero cuál es mi sorpresa cuando descubro que, cuatro décadas después de escuchar su nombre por primera vez, los noticieros siguen hablando de él debido al cargo que continúa ostentando, el de presidente de la República de Nicaragua. Tras una guerra civil de más de diez años, con participación de potencias extranjeras como último acto de la Guerra Fría, el país sigue en su lucha por salir del pozo de la pobreza y del ostracismo internacional que solo una guerra entre hermanos es capaz de provocar.

En 2007, casi veinte años después, Ortega volvía a presidir la república reaccionando de una forma hostigadora, violenta y sucia hacia la Iglesia Católica. Nuestro protagonista había estudiado en la UCA de Managua, entidad universitaria de la Compañía de Jesús homónima de la de El Salvador tristemente conocida por la matanza de los jesuitas en 1989; sin embargo, se ve que no alcanzó a conocer el significado de las palabras caridad, libertad, o el respeto a los derechos humanos que los hermanos de san Ignacio le enseñaron.

Desgraciadamente las noticias que nos llegan son de una dimensión dramática para los católicos de ese país centroamericano: guerra abierta contra los cristianos impidiendo por todos los medios que vivan su fe en libertad. Exilios de obispos, encierros de seminaristas, detenciones de sacerdotes, suspensión de procesiones, casi doscientos ataques a iglesias, cierre de emisoras católicas, y un largo etcétera de ataques muy bien orquestados contra la Iglesia nicaragüense. Por no citar la expulsión de dieciocho religiosas de las Misioneras de la Caridad, orden fundada por la Madre Teresa de Calcuta en 1950, acusadas de blanqueo de capitales y terrorismo.

Son muchos los países que ya se han pronunciado en contra de estos ataques furibundos y deliberados hacia la Iglesia nicaragüense. Más de sesenta organizaciones no gubernamentales y otras eclesiales han firmado un documento que han enviado al Papa para que su lucha, callada y pacífica contra la intolerancia, no caiga en el olvido. La versión 2.0 de Ortega no ha mejorado mucho, la verdad, en pro de los derechos de sus paisanos. No se entiende que un presidente defensor de una ideología de corte social como la que se da por supuesta en su partido, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, pueda actuar de este modo frente a la religión, una expresión más del ser humano en sociedad. Pero ya nos suena a todos que esto no es nada nuevo.

La Iglesia ya está movilizada, los gestos de valor de la gente del pueblo ya son patentes. Cuando el cristiano se siente amenazado desarrolla una especie de hormona defensiva que no le detiene ante nada. Carne de circo romano, víctimas de Auschwitz, millones de hambrientos en las dictaduras colectivistas del siglo XX… nunca ha claudicado el cristianismo. A día de hoy, y después del arresto domiciliario de un obispo, la Iglesia espera que su pastor, y me refiero al Papa, se pronuncie duramente contra el régimen de Ortega y la guíe por el camino de la revolución pacífica en la lucha por un mundo más justo y vivible. Permíteme advertirte, querido lector: recuerda que si no habías escuchado nada de esto es que quizá no han querido contártelo.

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