MELANCOLÍA BWV 974

Se puede decir que se experimenta una sensación entre mística y placentera cuando se descubre por casualidad, y sin imaginarlo remotamente, una melodía clásica conocida (me refiero a música culta) en una película o una serie de TV. Esa fue mi sorpresa hace unos días cuando me encontraba viendo la serie Heridas abiertas (Sharp objects, 2018), el nuevo hit de HBO, protagonizada por Amy Adams. Una serie que narra la tortuosa vida de una periodista que tiene que enfrentarse a la vuelta a su pueblo de la Norteamérica profunda -de banderas confederadas y votantes de Trump por legiones-, a escribir un artículo de Pulitzer sobre los asesinatos de dos chicas adolescentes. 
Cuando las primeras notas invaden el salón te preguntas si realmente esa música debe de estar en una serie prime time, o quizá desentona por la temática, o es que no han sabido escogerla...  ¿Qué tiene que ver una obra barroca veneciana de Alessandro Marcello con una cruda historia del Missouri del siglo XXI? Nada, pero la música es así: no deja a nadie indiferente. Siempre tiene algo que decirte, como la buena poesía, y a mí me llevó a la melancolía. Será por la modalidad menor, será por el momento en que la escuché por primera vez hace casi treinta años, o la situación en la que disfruté de ella por última vez, pero la cuestión es que te agarra y te hace pararte a escuchar, quieras o no. 
La versión de la serie es la arreglada para clave por J. S. Bach (ca. 1715) y tiene la particularidad de que finaliza en mayor y no en menor como la original de Marcello que procede de su archiconocido concierto para oboe en re menor, concretamente el segundo movimiento en adagio. Puestos a ser críticos recuerda a piano de hotel de playa para guiris y no a barroco veneciano precisamente, pero Bach, en su afán por revisar obras de contemporáneos suyos, quiso llevarlos a otro nivel más alto del cielo musical en el que ya estaban. Así lo hizo también con Vivaldi. 
Las notas van flotando a nuestro alrededor colgadas como gotas que van cayendo ad libitum sobre lo vivido durante el día, lo bueno y lo malo, lo que nos alienta y lo que nos hunde. Una mano que se aferra a otra que se despide, una lágrima tras una ventanilla de tren, la soledad ante un difunto, una buhardilla del París de Satie o, simplemente, el quedarte a solas con tu vacío existencial de serie.

Y mecido por los trinos que acarician las teclas en lo etéreo del momento te das cuenta de que sigues ahí, con lo tuyo a cuestas. La palabra que me asalta después de volver a escucharla solo puede ser melancolía, esa compañera de cara triste, pero de final feliz, como el modo mayor con que Bach nos quiso cambiar un poco nuestras vidas, que no son más que una serie del siglo XXI. 



Os dejo la versión de Glenn Gould:
https://www.youtube.com/watch?v=5P7lD48W98s
¡¡FELIZ NOCHE DE REYES!!

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