PACTO EDUCATIVO GLOBAL
El papa Francisco no ha
querido usar ninguno de estos dos últimos términos para referirse a una de sus
múltiples iniciativas por la paz y la concordia mundial. Se trata del Pacto
Educativo Global (Global Compact on
Education) promovido por Francisco en septiembre de 2019 y que ahora recibe
el espaldarazo de toda la escuela católica de España. Con este llamamiento el
Papa nos convoca a un pacto de alianza entre todos los habitantes del planeta
partiendo de la escuela como generadora de conocimiento, paz y armonía entre
los pueblos. Una escuela “samaritana” que, desde la ayuda a los más
desfavorecidos, ilumine la sociedad formando ciudadanos libres, comprometidos
con lo social y con la “casa común” que todos habitamos y debemos respetar. El
Papa llama a crear “una alianza que suscite paz, justicia y acogida entre todos
los pueblos de la familia humana, como también de diálogo entre las
religiones”; de ahí su comunicación ya asidua con el líder del islam suní, Gran
Imán Ahmad al-Tayyeb.
Ahora le toca a la escuela
poner en marcha las acciones concretas para implementar este pacto educativo y
que no sea una simple declaración de intenciones, otro documento entrañable con
muchas palabras, pero que no llega a concretarse. El Papa llama a una serie de
compromisos educativos como la búsqueda de otras formas de entender la economía
o la política, la educación en la acogida o la escucha activa de la voz de los
niños, adolescentes y jóvenes. En las aulas tenemos la gran suerte de poder
darnos de cara con la diversidad en estado puro, aquella por la que apuesta
esta iniciativa. La escuela es el primer espacio en el que el alumno se
encuentra con el otro distinto a él, aquel que no tiene las mismas capacidades
que él, que aprende por otras vías o que lleva un ritmo diferente en su
aprendizaje. Desde la escuela podemos educar para esa realidad que les espera
fuera de las aulas, podemos educar en una diversidad real, no de despacho y
emponzoñada por la política.
Esto no trata de religión
ni de obediencias a una iglesia dirigida por alguien a muchos kilómetros de
aquí: se trata de responder a la necesidad de hacer un mundo más humano, de
crear una escuela que capacite a los alumnos a tomar las riendas de sus vidas
desde el espíritu crítico y la implicación en el progreso mundial; un reto al
alcance de todos que requiere grandes dosis de compromiso, testimonio y unas
ganas profundas de cambiar el mundo. Ahora que los tambores de guerra vuelven a
sonar en el centro de Europa y un lenguaje tan violento nos rodea, más que
nunca necesitamos formar ciudadanos capaces de llevar un lenguaje de la paz a
todos los ámbitos de la sociedad.

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